martes, 27 de abril de 2010

EL AGUANTE EN EL BAJO FLORES

En los remotos tiempos a los cuales nos referimos en esta página, existía también la figura del "aguante". El aguante describía cualquier acción que se realizaba con total entrega, para acompañar a alguien, resignando gustos o preferencias.

En el Bajo Flores le hacíamos el aguante a un amigo, cuando necesitaba que lo acompañáramos a algún lugar remoto, a una reunión familiar aburrida, o a salir con alguna amiga, generalmente no muy agraciada, de la minita que le gustaba.
Con mis amigos nos hacíamos el aguante siempre. Había un pacto implícito que nos obligaba a cumplir con este ritual, con sólo mediar el pedido del interesado.

A fines de los setentas, Zodíaco era nuestro lugar de encuentro los sábados a la noche. Generalmente íbamos en barra, Carlitos, Chelo, Gaby, el Negro y Yo, seguro. A veces se prendían otros. Entrábamos como invitados con una tarjeta que tenía la Flaca Patricia, y no faltábamos nunca.
Deambulábamos por las diferentes pistas, pero nuestro lugar de parada era la Pista de los Signos, donde habia luces con los signos del zodíaco.
Una noche, apareció ante mí una morocha deslumbrante, ojos claros, alta, bellísima. Nunca la había visto antes. Como es de esperar en estos casos, acompañada por una amiga, ubicada irremediablemente en las antípodas de ella, es decir lejos de las preferencias de ninguno de mis amigos.
Como yo la ví primero, le tiré al Negro "haceme el aguante", y el Negro fiel a su espíritu de sacrificio, accedió.
Resulta que la mina que me había deslumbrado era mendocina, y había sido elegida Miss Tunuyán (cosa totalmente creíble). Estaba de paseo por Buenos Aires, con esa amiga, a la cual el Negro, estoicamente, le hablaba como si estuviese interesado en ella (un actorazo).
En Zodíaco no estaba permitido apretar (era de las cavernas), asi es que quedamos con la mendocina en vernos el día siguiente a la tarde. La amiga, que, para satisfacer la curiosidad de los lectores, podíamos definirla como uno de los luchadores de "Titanes en el ring", también venía, con lo cual, el "aguante" a mi amigo le iba a costar caro. No obstante, no tuve más que pedírselo para que él acepte.
Y así fue que nos encontramos en la zona de Parque Patricios, y paseamos por el parque, tomados de la mano. Yo me sentía un ganador total, y debo decir que la mendocina que me acompañaba, llamaba bastante la atención de los que transitaban por allí. En un momento la arrinconé contra un árbol, cara a cara era irresistible (Gracias Negro), la besé, estaba feliz, no me quería ir.

Pero lo del Negro era increíble. Actuaba totalmente suelto, entregado a perder la tarde paseando con la amiga, sin demostrar en ningún momento que estaba a desgano y sólo por hacerme el aguante.
Quizás en el fondo se resignaba pensando "hoy por tí, mañana por mí". Y tenía razón, vaya si tenía razón, pero eso es algo que lo dejaremos para un futuro relato.

lunes, 25 de enero de 2010

LOS BAILES DE CARNAVAL

En los años de mi adolescencia, los carnavales eran momentos de excitación. Durante esas festividades, no sólo disfrutábamos de los juegos con agua, sino que también estábamos pendientes de los bailes, que por aquél entonces, abundaban en todos los barrios de Buenos Aires.

Los principales protagonistas en cuanto a la organización de esos eventos eran los Clubes. Y como lo hacían en cualquier otra disciplina deportiva, los clubes, también competían en organizar los bailes más exitosos. Para eso, contrataban a los artistas más populares de entonces, y anunciaban todo el día através de la radio, que estrella engalanaría el baile de ese día.

Como habrán de imaginarse, las grandes figuras estaban reservadas solo para los grandes Clubes. Por lo tanto si se deseaba disfrutar de la presencia de Roberto Carlos, Sergio Denis, Silvestre, Fernando de Madariaga, Cacho Castaña, Camilo Sesto, Dyango, entre otros, (y sí, eran los que arrastraban mas minas, y donde iban las minas, íbamos nosotros) había que pagar una entrada un poco más cara, en los bailes de Velez, San Lorenzo o Comunicaciones, por ejemplo.

Nosotros los del Bajo Flores, si bien alguna que otra vez pisamos las instalaciones de Velez o Deportivo Español, éramos más de asistir al inigualable Pedro Echagüe.

El Club Pedro Echagüe, dedicado fundamentalmente al basquetball, solía organizar bailes para que disfrute toda la familia.

Una pista, tipo salón, armada en el extenso buffet del Club, con mesas y sillas, que en el centro dejaba liberado un espacio para los bailarines, convocaba a los mayores (o sea nuestros padres). El tango (fundamentalmente), algo de jazz, pasodobles, alguna polca, cumbia o tarantela, solían ser la grabaciones que más sonaban.

Mientras en la cancha de basquet cubierta, con mucha menos luz que en la otra pista, se armaba el baile para nosotros, los jóvenes de entonces. Allí escuchábamos grabaciones de Rock and Roll, de artistas como Elvis, Johnny Rivers, Credence, y de música disco, que incluían a Silvester, Gloria Gaynor, Donna Summer, entre los más famosos, aunque también sonaba alguna tanda de lentos, que los bajoflorecinos esperábamos ansiosos, aunque los posteriores acontecimientos no cubrieran nuestras ilusiones previas.

Claro que el Club de Barrio que más atraía por aquel entonces era el José Hernández, ubicado en pleno Mataderos.
El José Hernández hacía bailes durante todo el año, como el Palmar de Liniers o el América del Sur de Floresta, pero con mucho más exito. Y en carnavales explotaba.
Atraídos por la gran cantidad de mujeres que lo solían frecuentar, nosotros buscábamos colarnos con algún grupo de muchachos, mayores que nosotros, para poder ir sin que nuestro viejos chillen. Alguna vez también, tuvimos que huir en medio de un despelote generalizado, por una pelea entre barras.
Luego, esta modalidad de baile barrial fue desapareciendo. En raelidad el Carnaval todo fue desapareciendo en Buenos Aires. Y aunque también hemos disfrutado, y mucho, de los boliches como Zodíaco, primero y Bamboche, luego, los bailes en esos viejos Clubes, son un recuerdo imborrable de una época en la cual todos nos identificábamos con el Barrio, y nos parecía imposible estar en otro lugar. Porque el Bajo era nuestro lugar.