LOS BAJOFLORECINOS Y LO VIRTUAL
(Una charla de café que clarifica la actualidad de los bajoflorecinos)
Debido a una operación, bastante complicada, de un amigo nuestro, se generó un encuentro, café de por medio, con otros bajoflorecinos amigos y cincuentones como yo.
Como corresponde al protocolo del Bajo Flores, primero se decidió que tomar, luego se habló de la situación de nuestro amigo (lo que nos convocó en ese lugar), luego se pasó a hablar de nuestra vida (laburo, familia) y se terminó, como corresponde, hablando de fútbol.
Esta vez, curiosamente, lo más jugoso, por lo menos para mí, surgió al hablar de la familia. En especial de nuestros hijos.
Obviamente, como el lector entenderá, nuestros hijos son jóvenes o adolescentes, y están completamente inmersos en esta sociedad informatizada. Conocen todo lo nuevo en electrónica y se mueven a la perfección en la red (cualquiera pensaría que estoy hablando de tenis).
Voy a tratar de transcribir los diálogos más interesantes de la reunión
Chirola - Los pibes no te dan bola, hacen cualquiera. Mirá el mío no quiere estudiar, dice que prefiere laburar (eso lo dicen porque no laburan. El mío también lo dice). Encima está todo el día con el celular y los mensajitos de texto. Cuando no, agarra la compu y no la larga más. Tiene abiertos como veinte diálogos. Le escribe a uno a otro, y mientras, capaz que se juega un jueguito.
Nosotros (se refería a los bajoflorecinos por supuesto) si queríamos hablar con amigos, estábamos obligados a verlos. No sé, ir hasta la casa, o juntarse en la esquina, había que verse la cara. Ni teléfono teníamos, cabezón.
Miguel - Sabés lo que pasa, un poco por la comodidad, otro poco por la inseguridad, todos no metimos adentro. Antes estábamos todo el día en la calle. Andábamos buscando que hacer, con quién juntarnos, a qué jugar, pero siempre en la calle. (En realidad la calle era nuestra internet, nosotros la explorábamos cada vez que podíamos, y teníamos contacto con casi toda la gente del barrio).
Gustavo - Mirá el pibe mío, es una ojota (es muy popular decir así de alguien que no sirve para ningún deporte). No sabe jugar a nada (en realidad lo que más le molesta es que no sepa jugar al futbol), sirve para los jueguitos nada más (los jueguitos son los videojuegos). Sale muy poco, tiene relaciones virtuales solamente.
Chirola - Y a veces no sé si no es mejor así. Con las cosas que pasan. Yo estoy todo cagado cuando el pibe vá a bailar. Viste los despelotes que hay. Ahora si un pibe sale de noche, mejor que lo vayás a buscar, porque hay lugares (el Bajo Flores es uno) que de noche meten miedo.
Te acordás Miguel cuando volvíamos de bailar, caminando por el cementerio de Flores?. El único miedo que teníamos era que aparezca un fantasma.
Miguel - Por eso te digo, lo que más lamento es que mis hijos no hayan podido vivir como vivíamos nosotros. Nosotros éramos felices con nada. Ahora tienen un montón de aparatos, juegos, contactos, amigos virtuales, y que se yo cuantas cosas, pero no pueden andar tranquilos por la calle.
Gustavo - Yo salía a la calle, cuando volvía del colegio y me metían adentro a la hora de morfar. Los fines de semana mi vieja me veía para comer solamente, sabía que andaba en la calle y se quedaba tranquila.
Jugar los desafíos(partidos de fútbol contra otra barra), jugar con los cochecitos, jugar a la bolita, al truco, todo en la calle. Que vida!!!!
Mientras escuchaba las conversaciones, me vino a la memoria el pibe que yo era en el Bajo. La mugre y el cansancio con que llegaba a mi casa por la noche, luego de haber navegado por ese mundo inagotable de aventuras y emociones que era mi barrio. La cantidad de voces, de miradas, de sonidos y de perfumes que recolectaba durante un día. La aventura esperándome a la vuelta de la esquina. Las emociones invadiéndome con cada pisada sobre las veredas del Bajo.
No reniego de la tecnología, de hecho soy un usuario de la web y las redes sociales. No se me ocurre vivir ahora sin computadora o celular. Sólo lamento que a pesar de toda la información, la música, las imágenes, a las que puedo acceder debido a estos avances tecnológicos, no consigo rehabilitarme de la necesidad de volver a esos tiempos, aunque sólo sea a través de recuerdos.