MIGUEL
(... sin adios, el amar o el morir nunca son olvido...... Alfredo Zitarrosa )
Nada de lo que pueda escribir, servirá. No voy a lograr describir la persona o mostrarla en su verdadera magnitud, ni voy a lograr consolarme, y mucho menos consolar a otros por su ausencia. Lo único que voy a hacer, es cumplir con este ritual egoísta de contar recuerdos, emociones o sensaciones que me ayudan a sentirme menos sólo.
Tengo recuerdos de Miguel desde que jugábamos juntos en los campeonatos Evita, cuando ambos teníamos 13 años. Y aunque lo veía de vez en cuando, siempre me pareció que su imágen se mantuvo inalterable con el paso de los años. A Miguel le aparecieron canas, pero no envejeció. Conservó siempre el andar juvenil (canchero), la sonrisa pícara y la mirada sincera.
Cada vez que te lo cruzabas en algún lugar, se detenía para hablar, mientras te tocaba las manos (siempre me pareció que te tocaba o te agarraba para que no te vayas, como para que te enteres que estaba disfrutando el encuentro) te preguntaba por la familia, los viejos, los hijos, los amigos. Sé que no era de los que preguntaba por cordialidad, Miguel se interesaba como nadie por las personas.
Conservaba la característica de los viejos habitantes del Bajo Flores. Todo lo que pasaba en el barrio le importaba y todo lo que le pasaba a las personas del barrio le importaba.
Tuve la suerte de conocerlo, de dsifrutarlo, de sentirme su amigo.
Lo ví acompañando a su padre en la ancianidad. Lo ví laburando para darle o comprarle algo a sus hijos. Lo ví acompañando a mis amigos en momentos difíciles. Lo ví sufrir con cada dolor de nuestro amigo Omar. También lo ví optimista, soñador, divertido. Lo ví riéndose con la alegría ajena.
Podríamos extrañarlo (nosotros los amigos, los del Bajo) por todo lo que conté de él, por todo lo que vivimos con él . Pero sé que lo vamos a extrañar por todo lo que íbamos a recibir de él y que no habrá manera de suplirlo.
Hoy nuestras manos están huérfanas esperando que las toques. Hoy nuestros abrazos agonizan. Hoy estamos más solos que nunca. Hoy somos mas vulnerables. Porque el hoy nos gusta mucho menos que el ayer, cuando te teníamos.