El Bajo Flores, es un sitio enclavado en el sur de la Capital Federal, similar en lo estético a cualquiera de los otros barrios sureños (Mataderos, Lugano, Villa Soldati, Pompeya), pero con la particularidad de generar, en aquellos que lo han habitado o transitado con frecuencia, una dependencia emocional de la cual es imposible rehabilitarse.
Los bajoflorecinos, somos las víctimas de ese dominio que el Barrio ejerce de manera cruel sobre nuestras mentes y nuestros sentimientos, y nos obliga a volver, aunque sólo sea por un momento, a introducirnos en él, para permitir fortalecernos, porque en ese ambiente nos reconocemos y somos más auténticos.
Como toda estirpe, lamentablemente la nuestra corre peligro de extinguirse, tenemos algunos denominadores comunes que nos identifican y también, porque no reconocerlo, nos enfrentan, como: el gusto inalterable por las mujeres, la fidelidad al fútbol, y la irremediable necesidad de mantener viva la amistad, porque en ese ámbito, es dónde los dos anteriores mejor se expresan y se unen en relatos que son reverenciados como corresponde. Sí señor, si hay algo que nos caracteriza a los bajoflorecinos es la atención superlativa que ponemos a las confidencias de un amigo referidas a un levante, o al comentario, algo exagerado como es necesario, de una jugada protagonizada por el relator, aún siendo ésta de un partido informal jugado en una plaza.
Es por esa razón que en ésta página sólo encontrarán, algunas pobres historias, extraídas de la realidad, y protagonizadas por algunos de los integrantes de esta casta, merecidamente, condenada a desaparecer.
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