martes, 26 de junio de 2012

LA ACTUALIDAD DE LOS BAJOFLORECINOS
LOS TOMATES


 Luego de un retiro totalmente injustificado, vuelvo a reunirme con Uds. para que puedan seguir leyendo algunas tonteras.
 Quiero comentar sobre la realidad actual de los bajoflorecinos, porque si bien las historias publicadas eran relatos de antaño y  parecían protagonizadas por personajes inexistentes en la actualidad, debo decir que los bajoflorecinos subsisten, aunque rodeados de un ambiente hostil que se empeña en destruirlos.
 Para empezar voy a relatar un episodio vivido por un Bajoflorecino, que, aunque no sea uno de mis amigos, bien representa la actualidad de esta estirpe en extinción.
 Resulta que este hombre, cincuentón ya, luego de una separación algo cruenta, comenzó una relación con una joven treintañera que derivó en una convivencia rápida y un embarazo aún más rápido.
 Con lo cual, actualmente este ejemplar del Bajo Flores, convive con una mujer que apenas roza los cuarenta y un niño de cinco años.
 Como se cae de maduro, en lo culinario la ahora cuarentona no toca ni de oído, con lo cual el hombre se vió obligado a hacerse cargo de esos menesteres (después de todo a los cincuenta y tantos es mejor eso que andar detrás de un hiperquinético retoño).
 Asumiendo con total responsabilidad el rol Petronesco, el veterano cuando sale del trabajo, y antes de llegar a su hogar, realiza la compra de los comestibles necesarios. En eso estaba cuando, a pocas cuadras de su casa, escuchó el pregón de un morocho que aseguraba tener los mejores tomates de quinta. El discípulo de Arguiñano se acercó al puesto improvisado que había armado el morocho en una esquina y se asombró al ver unos tomates redondos del tamaño de un pomelo, brillantes y de un color rojo oscuro que invitaba a clavarle un mordisco. Se llevó dos kilos.
 Cuando llegó a su casa, luego de sacarse el saco y la corbata, se dirigió a la cocina, se puso el delantal y se dedicó  a pelar un par de tomates para acompañar las milanesas que ya tenía preparadas desde el fin de semana y  que había guardado en el freezer.
 Por supuesto que no tardó nada en probar los tomates y descubrir el sabor que verdadero, el sabor que recordaba de su niñez, ese sabor que se había perdido entre cámaras frigoríficas y maduración en cajones.
 Mientras disfrutaba de su compra y se sentía orgulloso de ella, oyó el ruido de la puerta y el hiperquinético infante hizo su aparición. Luego de arrojar la mochila en algún lugar del living, apareció como una ráfaga en la cocina, y lo primero que dijo al ver  esa fruta color rojo abordonado fue "Que asco que es eso". Entonces al bajoflorecino la presión se le subió a diecisisete, pero para empeorarla la criatura sentenció "Yo no voy a comer eso".
 Como el cocinero escuchó la voz dulce de su mujer saludando al entrar, se calmó, y pensó: "Ahora vas a ver   engendro desagradecido, cuando tu mamá se asombre de volver ver unos tomates de verdad".
 Pero para completar su camino directo al ACV, el amorcito ni bien observó la ensaladera le preguntó: "de donde sacaste esos tomates?. Mirá el color que tienen ? Estás seguro que no están pasados?".
 Ante semejante conspiración, porque sin duda alguna se trataba de una conspiración, urdida por esta generación del chat, del facebook y de la Wi, mi contemporáneo estalló " Pero que carajo saben ustedes de tomates, ni de frutas, ni de comida. Si están criados a snacks , hamburguesas y bastoncitos de pollo. Saben qué, dejenme a mí disfrutar de mis milanesas, porque las hice yo, de mis tomates, porque los compre y los pelé yo, y ustedes mejor se van a comer alguna porquería a esos lugares chotos que tanto les gusta".
 Dicho esto, con la cara aún enrojecida por el enojo, se sentó en el living, encendió la televisión y buscó el canal Volver. Aún así pudo desde allí oir a su concubina diciéndole al chiquilín "dejálo, ya se le vá a pasar, lo que pasa que está viejo".





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