miércoles, 18 de julio de 2012

LAS PERSECUCIONES EN EL BAJO FLORES
 (el pensamiento de un negro amigo mío)


  Después de superar los cincuenta, y con el recuerdo fresco de lo vivido, puedo asegurarles a Uds. que, si hay un barrio en Buenos Aires dónde, a lo largo de su historia, se realizaron las mayores persecuciones sociales, ese barrio es sin duda el Bajo Flores.
  Históricamente el Bajo Flores (antiguamente se lo llamaba los bañados de Flores)  fue un barrio humilde y marginal. Lo de humilde es muy fácil de explicar. A comienzos del siglo XX el valor inmobiliario de los bañados de Flores, zona que se inundaba fácilmente, era nulo. Esto dio lugar a que los inmigrantes más humildes ocuparan esas tierras, las cuales compraban luego, con el fruto de su trabajo, a precios incomparablemente bajos, en relación con otros sectores de la ciudad. Lo de marginal es sólo consecuencia de lo anterior.
 Al ser un barrio humilde, nunca fue una prioridad para los gobernantes en lo que se refiere a a obras o inversiones. Recuerdo que el asfalto llegó en el año 1973, con el gobierno de Cámpora, cuando era uno de los pocos lugares de la ciudad que carecían de él.
 Y así como las tolderías de nuestros nativos, en el siglo XIX , marginados, perseguidos y despreciados por la política conservadora argentina, servía de refugio a los gauchos (ladrones y mal entretenidos) buscados por la ley. Así, tampoco el Bajo Flores pudo escapar a su destino y conservó la impronta de la marginalidad, sólo como consecuencia de la desaprensión oficial frente a las necesidades de su gente.
  Ya sea por la prejuiciosa sospecha de las actividades de sus ocupantes, italianos, españoles, paraguayos, armenios , criollos u otros, que los habitaron en un principio. Ya sea por considerarlo un bastión subversivo durante la dictadura. Ya sea por el inclaudicable derecho a la propiedad que se supone violado por un grupo de bolivianos o peruanos, vendedores de droga. Ya sea por esta o cualquier otra excusa, los habitantes del Bajo Flores siempre han estado oficialmente imputados y socialmente condenados.
  Pero como marca la teoría de la evolución, las especies van generando sus propias defensas como un mecanismo de supervivencia. Es así que los Bajoflorecinos hemos alcanzado una notable habilidad para esquivar esta estereotipada persecución y continuamos defendiendo nuestro lugar y nuestra gente, y aún hoy conservamos esa impronta de marginalidad que, como castigo por nuestra pobreza, se nos impuso hace más de un siglo y a la cual no queremos renunciar. No porque nos consideremos delincuentes, sino porque sí nos consideramos fuera de la ley, por lo menos de esta ley, que no iguala y discrimina.

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