jueves, 26 de julio de 2012

UN BAJOFLORECINO EN VACACIONES DE INVIERNO

  No voy a caer en el triste lugar de las comparaciones. Sólo voy a decir que en mi infancia las vacaciones de invierno eran para permanecer en el barrio. Jugar a la pelota todo el día, respondiendo a los clásicos desafíos de otras barras del Bajo Flores, juntarse en la esquina o como mucho reunirse en una casa.
  Para los niños o jóvenes de hoy, permanecer en su barrio no tiene ningún atractivo. Las vacaciones de invierno son para hacer turismo o ir al cine, o al teatro, o a las diferentes muestras o paseos creados sólo para esta fecha.
  Por lo tanto un Bajoflorecino, en los tiempos que corren, siendo padre de un niño o adolescente, no podrá evitar salir a disfrutar de alguna de éstas propuestas, para las cuales, definitivamente, no está preparado.
 Si Uds. creen que exagero, les voy a referir dos historias que nos involucran y que sirven para ejemplificar  la situación.

  Un bajoflorecino en el teatro.
                                                   Hace unas temporadas atrás, durante unas vacaciones de invierno, decidimos con mi ex mujer, llevar a los chicos a ver una obra teatral. Por supuesto la elección le correspondió a ella, y dejándose llevar por las publicidades o las recomendaciones, fuimos a ver algo relacionado con Peter Pan y capitán Garfio.
  Como es común en estas épocas, las entradas son carísimas y la producción, seguramente, costosa. Pero no apta para nosotros, los Bajoflorecinos, que siempre disfrutamos de la sencillez.
  Sucede que, como toda producción moderna, la música, las luces, los efectos especiales, hacen que, inevitablemente, uno se sumerja en la historia como si formara parte de ella.
 Fue tanto así que, durante un pasaje en el cual  se producía un desembarco en una isla y los nativos de ella rodeaban a los marineros, de repente se escucharon unos tambores y unas pisadas fuerte que venían de la parte de atrás de la platea. Y, a continuación, unos gritos como de guerra.
  El papelón, el ridículo, se hicieron presente en la piel de este sencillo hombre del Bajo Flores, que se levantó del asiento como catapultado, con los puños apretados y dispuesto no dejar que estos patoteros se la lleven de arriba.  
  Luego, como si me hubiesen arrojado un vaso de agua helada en la cara, pude ver que se trataba de un montaje, a lo cual sólo pude responder tratando de disimular mi estúpida reacción, llevando mis manos a la cintura y haciéndome el que observaba a todo este grupo de actores que nos invadieron.
  Parado, injustificadamente como estaba, pude observar una filas adelante, a un cuarentón como yo, con un cinturón envuelto en la mano, y también en posición de pelea. Noté que era un tipo como yo, inexperto en estas cuestiones de los efectos, un habitante de Mataderos, seguramente, ya que llevaba un colgante con el escudo de Chicago. Me sentí un poco menos sólo entonces.

  Un bajoflorecino frente a los superhéroes del cine.
                                                                                     Hace un año, aproximadamente , un coterráneo, no tuvo mejor idea que ceder a la insistencia de su adolescente hijo, y acompañarlo a ver una película de Iron Man (creo que la 2).
  Para total decepción de este bajoflorecino, parece ser que esta obra maestra del cine, había tenido una primera parte, que obviamente el no había visto. Su hijo sí, `porque, según le refirió, hay una página en internet que te permite ver la película que quieras, sin pagar nada, e incluso a veces antes que en el cine. Una locura.
  Aún sin haber visto la primera parte entendió que , este superhéroe, toda la información que consigue es através de una tecnología inexplicable para un bajoflorecino, y que su gran poder radica en tener un reactor en el corazón y una armadura que hace de todo. Esto obviamente, le rompió las bolas de entrada.
  Un tipo que no tiene nada de humano, que tiene un montón de guita y que con eso desarrolla el armamento más sofisticado. Y sí, así cualquiera es un capo.
   Nosotros los Bajoflorecinos no nos bancamos mucho a los superhéroes del norte, porque todos hacen pata ancha porque tienen algún poder que supera al común de los hombres.
  Por eso en el Bajo, sólo nos atrae un poco Batman. Porque no tiene nada especial más allá de un traje incómodo, algún aparatito para escalar alturas, y un automóvil como para asombrar a las minas.
  Además el tipo se pelea a puño limpio con cualquiera, y a veces cobra, pero se la banca y se le planta al más pintado.
  Como si esto fuera poco vive en ciudad gótica, que tiene una mezcla de bohemia y marginalidad que indefectiblemente la hace mucho más cercana a nuestro Bajo Flores.
 

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