MIGUEL
(... sin adios, el amar o el morir nunca son olvido...... Alfredo Zitarrosa )
Nada de lo que pueda escribir, servirá. No voy a lograr describir la persona o mostrarla en su verdadera magnitud, ni voy a lograr consolarme, y mucho menos consolar a otros por su ausencia. Lo único que voy a hacer, es cumplir con este ritual egoísta de contar recuerdos, emociones o sensaciones que me ayudan a sentirme menos sólo.
Tengo recuerdos de Miguel desde que jugábamos juntos en los campeonatos Evita, cuando ambos teníamos 13 años. Y aunque lo veía de vez en cuando, siempre me pareció que su imágen se mantuvo inalterable con el paso de los años. A Miguel le aparecieron canas, pero no envejeció. Conservó siempre el andar juvenil (canchero), la sonrisa pícara y la mirada sincera.
Cada vez que te lo cruzabas en algún lugar, se detenía para hablar, mientras te tocaba las manos (siempre me pareció que te tocaba o te agarraba para que no te vayas, como para que te enteres que estaba disfrutando el encuentro) te preguntaba por la familia, los viejos, los hijos, los amigos. Sé que no era de los que preguntaba por cordialidad, Miguel se interesaba como nadie por las personas.
Conservaba la característica de los viejos habitantes del Bajo Flores. Todo lo que pasaba en el barrio le importaba y todo lo que le pasaba a las personas del barrio le importaba.
Tuve la suerte de conocerlo, de dsifrutarlo, de sentirme su amigo.
Lo ví acompañando a su padre en la ancianidad. Lo ví laburando para darle o comprarle algo a sus hijos. Lo ví acompañando a mis amigos en momentos difíciles. Lo ví sufrir con cada dolor de nuestro amigo Omar. También lo ví optimista, soñador, divertido. Lo ví riéndose con la alegría ajena.
Podríamos extrañarlo (nosotros los amigos, los del Bajo) por todo lo que conté de él, por todo lo que vivimos con él . Pero sé que lo vamos a extrañar por todo lo que íbamos a recibir de él y que no habrá manera de suplirlo.
Hoy nuestras manos están huérfanas esperando que las toques. Hoy nuestros abrazos agonizan. Hoy estamos más solos que nunca. Hoy somos mas vulnerables. Porque el hoy nos gusta mucho menos que el ayer, cuando te teníamos.
BAJOFLORECINO
MEMORIAS DE MI BARRIO ... en ésta página sólo encontrarán, algunas pobres historias, extraídas de la realidad, y protagonizadas por algunos de los integrantes de esta casta, merecidamente, condenada a desaparecer.
jueves, 11 de octubre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
LOS BAJOFLORECINOS Y LO VIRTUAL
(Una charla de café que clarifica la actualidad de los bajoflorecinos)
Debido a una operación, bastante complicada, de un amigo nuestro, se generó un encuentro, café de por medio, con otros bajoflorecinos amigos y cincuentones como yo.
Como corresponde al protocolo del Bajo Flores, primero se decidió que tomar, luego se habló de la situación de nuestro amigo (lo que nos convocó en ese lugar), luego se pasó a hablar de nuestra vida (laburo, familia) y se terminó, como corresponde, hablando de fútbol.
Esta vez, curiosamente, lo más jugoso, por lo menos para mí, surgió al hablar de la familia. En especial de nuestros hijos.
Obviamente, como el lector entenderá, nuestros hijos son jóvenes o adolescentes, y están completamente inmersos en esta sociedad informatizada. Conocen todo lo nuevo en electrónica y se mueven a la perfección en la red (cualquiera pensaría que estoy hablando de tenis).
Voy a tratar de transcribir los diálogos más interesantes de la reunión
Chirola - Los pibes no te dan bola, hacen cualquiera. Mirá el mío no quiere estudiar, dice que prefiere laburar (eso lo dicen porque no laburan. El mío también lo dice). Encima está todo el día con el celular y los mensajitos de texto. Cuando no, agarra la compu y no la larga más. Tiene abiertos como veinte diálogos. Le escribe a uno a otro, y mientras, capaz que se juega un jueguito.
Nosotros (se refería a los bajoflorecinos por supuesto) si queríamos hablar con amigos, estábamos obligados a verlos. No sé, ir hasta la casa, o juntarse en la esquina, había que verse la cara. Ni teléfono teníamos, cabezón.
Miguel - Sabés lo que pasa, un poco por la comodidad, otro poco por la inseguridad, todos no metimos adentro. Antes estábamos todo el día en la calle. Andábamos buscando que hacer, con quién juntarnos, a qué jugar, pero siempre en la calle. (En realidad la calle era nuestra internet, nosotros la explorábamos cada vez que podíamos, y teníamos contacto con casi toda la gente del barrio).
Gustavo - Mirá el pibe mío, es una ojota (es muy popular decir así de alguien que no sirve para ningún deporte). No sabe jugar a nada (en realidad lo que más le molesta es que no sepa jugar al futbol), sirve para los jueguitos nada más (los jueguitos son los videojuegos). Sale muy poco, tiene relaciones virtuales solamente.
Chirola - Y a veces no sé si no es mejor así. Con las cosas que pasan. Yo estoy todo cagado cuando el pibe vá a bailar. Viste los despelotes que hay. Ahora si un pibe sale de noche, mejor que lo vayás a buscar, porque hay lugares (el Bajo Flores es uno) que de noche meten miedo.
Te acordás Miguel cuando volvíamos de bailar, caminando por el cementerio de Flores?. El único miedo que teníamos era que aparezca un fantasma.
Miguel - Por eso te digo, lo que más lamento es que mis hijos no hayan podido vivir como vivíamos nosotros. Nosotros éramos felices con nada. Ahora tienen un montón de aparatos, juegos, contactos, amigos virtuales, y que se yo cuantas cosas, pero no pueden andar tranquilos por la calle.
Gustavo - Yo salía a la calle, cuando volvía del colegio y me metían adentro a la hora de morfar. Los fines de semana mi vieja me veía para comer solamente, sabía que andaba en la calle y se quedaba tranquila.
Jugar los desafíos(partidos de fútbol contra otra barra), jugar con los cochecitos, jugar a la bolita, al truco, todo en la calle. Que vida!!!!
Mientras escuchaba las conversaciones, me vino a la memoria el pibe que yo era en el Bajo. La mugre y el cansancio con que llegaba a mi casa por la noche, luego de haber navegado por ese mundo inagotable de aventuras y emociones que era mi barrio. La cantidad de voces, de miradas, de sonidos y de perfumes que recolectaba durante un día. La aventura esperándome a la vuelta de la esquina. Las emociones invadiéndome con cada pisada sobre las veredas del Bajo.
No reniego de la tecnología, de hecho soy un usuario de la web y las redes sociales. No se me ocurre vivir ahora sin computadora o celular. Sólo lamento que a pesar de toda la información, la música, las imágenes, a las que puedo acceder debido a estos avances tecnológicos, no consigo rehabilitarme de la necesidad de volver a esos tiempos, aunque sólo sea a través de recuerdos.
(Una charla de café que clarifica la actualidad de los bajoflorecinos)
Debido a una operación, bastante complicada, de un amigo nuestro, se generó un encuentro, café de por medio, con otros bajoflorecinos amigos y cincuentones como yo.
Como corresponde al protocolo del Bajo Flores, primero se decidió que tomar, luego se habló de la situación de nuestro amigo (lo que nos convocó en ese lugar), luego se pasó a hablar de nuestra vida (laburo, familia) y se terminó, como corresponde, hablando de fútbol.
Esta vez, curiosamente, lo más jugoso, por lo menos para mí, surgió al hablar de la familia. En especial de nuestros hijos.
Obviamente, como el lector entenderá, nuestros hijos son jóvenes o adolescentes, y están completamente inmersos en esta sociedad informatizada. Conocen todo lo nuevo en electrónica y se mueven a la perfección en la red (cualquiera pensaría que estoy hablando de tenis).
Voy a tratar de transcribir los diálogos más interesantes de la reunión
Chirola - Los pibes no te dan bola, hacen cualquiera. Mirá el mío no quiere estudiar, dice que prefiere laburar (eso lo dicen porque no laburan. El mío también lo dice). Encima está todo el día con el celular y los mensajitos de texto. Cuando no, agarra la compu y no la larga más. Tiene abiertos como veinte diálogos. Le escribe a uno a otro, y mientras, capaz que se juega un jueguito.
Nosotros (se refería a los bajoflorecinos por supuesto) si queríamos hablar con amigos, estábamos obligados a verlos. No sé, ir hasta la casa, o juntarse en la esquina, había que verse la cara. Ni teléfono teníamos, cabezón.
Miguel - Sabés lo que pasa, un poco por la comodidad, otro poco por la inseguridad, todos no metimos adentro. Antes estábamos todo el día en la calle. Andábamos buscando que hacer, con quién juntarnos, a qué jugar, pero siempre en la calle. (En realidad la calle era nuestra internet, nosotros la explorábamos cada vez que podíamos, y teníamos contacto con casi toda la gente del barrio).
Gustavo - Mirá el pibe mío, es una ojota (es muy popular decir así de alguien que no sirve para ningún deporte). No sabe jugar a nada (en realidad lo que más le molesta es que no sepa jugar al futbol), sirve para los jueguitos nada más (los jueguitos son los videojuegos). Sale muy poco, tiene relaciones virtuales solamente.
Chirola - Y a veces no sé si no es mejor así. Con las cosas que pasan. Yo estoy todo cagado cuando el pibe vá a bailar. Viste los despelotes que hay. Ahora si un pibe sale de noche, mejor que lo vayás a buscar, porque hay lugares (el Bajo Flores es uno) que de noche meten miedo.
Te acordás Miguel cuando volvíamos de bailar, caminando por el cementerio de Flores?. El único miedo que teníamos era que aparezca un fantasma.
Miguel - Por eso te digo, lo que más lamento es que mis hijos no hayan podido vivir como vivíamos nosotros. Nosotros éramos felices con nada. Ahora tienen un montón de aparatos, juegos, contactos, amigos virtuales, y que se yo cuantas cosas, pero no pueden andar tranquilos por la calle.
Gustavo - Yo salía a la calle, cuando volvía del colegio y me metían adentro a la hora de morfar. Los fines de semana mi vieja me veía para comer solamente, sabía que andaba en la calle y se quedaba tranquila.
Jugar los desafíos(partidos de fútbol contra otra barra), jugar con los cochecitos, jugar a la bolita, al truco, todo en la calle. Que vida!!!!
Mientras escuchaba las conversaciones, me vino a la memoria el pibe que yo era en el Bajo. La mugre y el cansancio con que llegaba a mi casa por la noche, luego de haber navegado por ese mundo inagotable de aventuras y emociones que era mi barrio. La cantidad de voces, de miradas, de sonidos y de perfumes que recolectaba durante un día. La aventura esperándome a la vuelta de la esquina. Las emociones invadiéndome con cada pisada sobre las veredas del Bajo.
No reniego de la tecnología, de hecho soy un usuario de la web y las redes sociales. No se me ocurre vivir ahora sin computadora o celular. Sólo lamento que a pesar de toda la información, la música, las imágenes, a las que puedo acceder debido a estos avances tecnológicos, no consigo rehabilitarme de la necesidad de volver a esos tiempos, aunque sólo sea a través de recuerdos.
miércoles, 15 de agosto de 2012
EL FUTBOL ESTA APUTOSADO
(quiero aclarar que las palabras aputosado, maricón o trolo, califican un comportamiento que no tiene nada que ver con las preferencias sexuales de las personas, las que son muy respetadas por quien escribe).
Como Uds. saben, si hay algo que define inequivocamente a un Bajoflorecino es su pasión por el
fútbol. Un partido de fútbol, cualquiera sea, es mejor que cualquier otro espectáculo. No tenemos dudas al respecto.
Curiosamente, este fin de semana, estuve viendo con un amigo algunos partidos que transmitían por televisión y lo noté poco concentrado en la apreciación de juego. Es más, hasta me rompió un poco las bolainas que no respondiera a mis comentarios sobre una jugada, o sobre la sanción del árbitro (es otro deporte nacional, pegarle al árbitro por cada cagada que hace). Cuando ya estaba pensando seriamente en rajarme para mi casa o ir hasta la casa de otro bajoflorecino a ver los partidos, me confesó: "te digo la verdad, yo cada vez le doy menos bola al fútbol". Cagamos, pensé, ahora si que estamos jodidos. Si este que todavía vive en el Bajo, que puede caminar unas cuadras y estar en el predio de liga de Flores y pasarse la tarde viendo los partidos de los aficionados. Si este le saca la tarjeta roja al fútbol, que nos queda a nosotros, que ya no vivimos en el Bajo, y que estamos rodeados de corredores (ellos dicen que eso es running), golfistas, ciclistas, tenistas y cualquier otro deporte que jamás tendrá ni punto de comparación con el fútbol. Que nos queda?.
"El fútbol, cabezón, sentenció mi amigo, está jugado por maricones. A no?, mirá nomás como salen a la cancha. Parece que fueron a la pelu antes que al estadio. Y encima en la cancha se comportan como minas. Mirá, mirá como se agarra la patita el señorito (la televisión mostraba a un jugador refregándose la rodilla mientras su cara parecía al borde del llanto). Te imaginás si nosotros cuando jugábamos en la liga contra Nardo o el bicho Siaja, llegábamos a hacer eso cuando nos estrolaban , en la próxima que pasábamos cerca de ellos nos decían un piropo o nos invitaban a salir. Claro que sí."
"Por ejemplo,te digo otra, ahora le reclaman al referí todo el partido. Quieren que lo echen al contrario si les pega. Que trolazos!. Nosotros jamás le pedíamos que amoneste o que eche a un rival por pegarnos. Al contrario, queríamos que se quede en la cancha, así en la próxima se la devolvíamos, o lo que es peor lo gambeteábamos hasta hacerlo poner colorado de bronca..
Y los referís?. También son maricones. Antes acá en el Bajo (en la Liga De Flores), si le hablabas a un árbitro, te sacaba cagando y si te ponías pesado, le decía a tu técnico - sacalo porque lo rajo - y tu técnico te sacaba. Y si te hacías el guapo, se ponía en guardia y te peleaba. Que joder!"
"Decime si miento (no paraba): nadie quería ganar gracias a un penal. O no?. Ahora quieren que le cobren un penal a cada rato. Están a un paso de hacer el gol y prefieren tirarse al menor roce para que le cobren penal. Que es eso?. Imaginate a Francisco o el Gallego (dos técnicos del Bajo que nos dirigieron) si veían que te tirabas en el área para simular una falta, no solo te sacaban, sino que te llevaban a las patadas en el culo hasta el vestuario".
"Ves ese es un jugador de fútbol (menos mal, nos reconciliamos), mirá como se levanta y no dice nada.
(la televisión mostraba a un jugador joven que se acomodaba las medias sin decir nada luego de recibir una patada de manual). A lo mejor después en el vestuario el técnico la caga a pedos por no exagerar o reclamar tarjeta. Y los compañeros de ese pibe (el jugador no pasaba los 18) son señoritas. Ya es la tercera vez que lo desparraman. Que espera el dos o el seis para ir a buscar al grandote que le está pegando y hacerle sentir el rigor?. Te acordás, como eran los defensores antes?. Había otros códigos".
"Por eso no veo mucho fútbol, cabeza, porque el fútbol está aputosado".
Luego de tomar unos mates más con mi amigo, me fui. Lo dejé con sus broncas y sus críticas al fútbol. Me fuí pensando que el fútbol tiene bastante que ver con la sociedad. Copia sus modismos, sus costumbres.
Quizás en esta sociedad esté bien sacar ventaja como sea. Quizás esté bien, ahora, exprimir las reglas, aprovecharlas en beneficio propio. Quizás esté bien tratar de engañar a la justicia. Quizás esté bien aprovecharse de los más débiles, sabiendo que nadie los defenderá. Quizás este bien esta sociedad tan aputosada.
(quiero aclarar que las palabras aputosado, maricón o trolo, califican un comportamiento que no tiene nada que ver con las preferencias sexuales de las personas, las que son muy respetadas por quien escribe).
Como Uds. saben, si hay algo que define inequivocamente a un Bajoflorecino es su pasión por el
fútbol. Un partido de fútbol, cualquiera sea, es mejor que cualquier otro espectáculo. No tenemos dudas al respecto.
Curiosamente, este fin de semana, estuve viendo con un amigo algunos partidos que transmitían por televisión y lo noté poco concentrado en la apreciación de juego. Es más, hasta me rompió un poco las bolainas que no respondiera a mis comentarios sobre una jugada, o sobre la sanción del árbitro (es otro deporte nacional, pegarle al árbitro por cada cagada que hace). Cuando ya estaba pensando seriamente en rajarme para mi casa o ir hasta la casa de otro bajoflorecino a ver los partidos, me confesó: "te digo la verdad, yo cada vez le doy menos bola al fútbol". Cagamos, pensé, ahora si que estamos jodidos. Si este que todavía vive en el Bajo, que puede caminar unas cuadras y estar en el predio de liga de Flores y pasarse la tarde viendo los partidos de los aficionados. Si este le saca la tarjeta roja al fútbol, que nos queda a nosotros, que ya no vivimos en el Bajo, y que estamos rodeados de corredores (ellos dicen que eso es running), golfistas, ciclistas, tenistas y cualquier otro deporte que jamás tendrá ni punto de comparación con el fútbol. Que nos queda?.
"El fútbol, cabezón, sentenció mi amigo, está jugado por maricones. A no?, mirá nomás como salen a la cancha. Parece que fueron a la pelu antes que al estadio. Y encima en la cancha se comportan como minas. Mirá, mirá como se agarra la patita el señorito (la televisión mostraba a un jugador refregándose la rodilla mientras su cara parecía al borde del llanto). Te imaginás si nosotros cuando jugábamos en la liga contra Nardo o el bicho Siaja, llegábamos a hacer eso cuando nos estrolaban , en la próxima que pasábamos cerca de ellos nos decían un piropo o nos invitaban a salir. Claro que sí."
"Por ejemplo,te digo otra, ahora le reclaman al referí todo el partido. Quieren que lo echen al contrario si les pega. Que trolazos!. Nosotros jamás le pedíamos que amoneste o que eche a un rival por pegarnos. Al contrario, queríamos que se quede en la cancha, así en la próxima se la devolvíamos, o lo que es peor lo gambeteábamos hasta hacerlo poner colorado de bronca..
Y los referís?. También son maricones. Antes acá en el Bajo (en la Liga De Flores), si le hablabas a un árbitro, te sacaba cagando y si te ponías pesado, le decía a tu técnico - sacalo porque lo rajo - y tu técnico te sacaba. Y si te hacías el guapo, se ponía en guardia y te peleaba. Que joder!"
"Decime si miento (no paraba): nadie quería ganar gracias a un penal. O no?. Ahora quieren que le cobren un penal a cada rato. Están a un paso de hacer el gol y prefieren tirarse al menor roce para que le cobren penal. Que es eso?. Imaginate a Francisco o el Gallego (dos técnicos del Bajo que nos dirigieron) si veían que te tirabas en el área para simular una falta, no solo te sacaban, sino que te llevaban a las patadas en el culo hasta el vestuario".
"Ves ese es un jugador de fútbol (menos mal, nos reconciliamos), mirá como se levanta y no dice nada.
(la televisión mostraba a un jugador joven que se acomodaba las medias sin decir nada luego de recibir una patada de manual). A lo mejor después en el vestuario el técnico la caga a pedos por no exagerar o reclamar tarjeta. Y los compañeros de ese pibe (el jugador no pasaba los 18) son señoritas. Ya es la tercera vez que lo desparraman. Que espera el dos o el seis para ir a buscar al grandote que le está pegando y hacerle sentir el rigor?. Te acordás, como eran los defensores antes?. Había otros códigos".
"Por eso no veo mucho fútbol, cabeza, porque el fútbol está aputosado".
Luego de tomar unos mates más con mi amigo, me fui. Lo dejé con sus broncas y sus críticas al fútbol. Me fuí pensando que el fútbol tiene bastante que ver con la sociedad. Copia sus modismos, sus costumbres.
Quizás en esta sociedad esté bien sacar ventaja como sea. Quizás esté bien, ahora, exprimir las reglas, aprovecharlas en beneficio propio. Quizás esté bien tratar de engañar a la justicia. Quizás esté bien aprovecharse de los más débiles, sabiendo que nadie los defenderá. Quizás este bien esta sociedad tan aputosada.
jueves, 26 de julio de 2012
UN BAJOFLORECINO EN VACACIONES DE INVIERNO
No voy a caer en el triste lugar de las comparaciones. Sólo voy a decir que en mi infancia las vacaciones de invierno eran para permanecer en el barrio. Jugar a la pelota todo el día, respondiendo a los clásicos desafíos de otras barras del Bajo Flores, juntarse en la esquina o como mucho reunirse en una casa.
Para los niños o jóvenes de hoy, permanecer en su barrio no tiene ningún atractivo. Las vacaciones de invierno son para hacer turismo o ir al cine, o al teatro, o a las diferentes muestras o paseos creados sólo para esta fecha.
Por lo tanto un Bajoflorecino, en los tiempos que corren, siendo padre de un niño o adolescente, no podrá evitar salir a disfrutar de alguna de éstas propuestas, para las cuales, definitivamente, no está preparado.
Si Uds. creen que exagero, les voy a referir dos historias que nos involucran y que sirven para ejemplificar la situación.
Un bajoflorecino en el teatro.
Hace unas temporadas atrás, durante unas vacaciones de invierno, decidimos con mi ex mujer, llevar a los chicos a ver una obra teatral. Por supuesto la elección le correspondió a ella, y dejándose llevar por las publicidades o las recomendaciones, fuimos a ver algo relacionado con Peter Pan y capitán Garfio.
Como es común en estas épocas, las entradas son carísimas y la producción, seguramente, costosa. Pero no apta para nosotros, los Bajoflorecinos, que siempre disfrutamos de la sencillez.
Sucede que, como toda producción moderna, la música, las luces, los efectos especiales, hacen que, inevitablemente, uno se sumerja en la historia como si formara parte de ella.
Fue tanto así que, durante un pasaje en el cual se producía un desembarco en una isla y los nativos de ella rodeaban a los marineros, de repente se escucharon unos tambores y unas pisadas fuerte que venían de la parte de atrás de la platea. Y, a continuación, unos gritos como de guerra.
El papelón, el ridículo, se hicieron presente en la piel de este sencillo hombre del Bajo Flores, que se levantó del asiento como catapultado, con los puños apretados y dispuesto no dejar que estos patoteros se la lleven de arriba.
Luego, como si me hubiesen arrojado un vaso de agua helada en la cara, pude ver que se trataba de un montaje, a lo cual sólo pude responder tratando de disimular mi estúpida reacción, llevando mis manos a la cintura y haciéndome el que observaba a todo este grupo de actores que nos invadieron.
Parado, injustificadamente como estaba, pude observar una filas adelante, a un cuarentón como yo, con un cinturón envuelto en la mano, y también en posición de pelea. Noté que era un tipo como yo, inexperto en estas cuestiones de los efectos, un habitante de Mataderos, seguramente, ya que llevaba un colgante con el escudo de Chicago. Me sentí un poco menos sólo entonces.
Un bajoflorecino frente a los superhéroes del cine.
Hace un año, aproximadamente , un coterráneo, no tuvo mejor idea que ceder a la insistencia de su adolescente hijo, y acompañarlo a ver una película de Iron Man (creo que la 2).
Para total decepción de este bajoflorecino, parece ser que esta obra maestra del cine, había tenido una primera parte, que obviamente el no había visto. Su hijo sí, `porque, según le refirió, hay una página en internet que te permite ver la película que quieras, sin pagar nada, e incluso a veces antes que en el cine. Una locura.
Aún sin haber visto la primera parte entendió que , este superhéroe, toda la información que consigue es através de una tecnología inexplicable para un bajoflorecino, y que su gran poder radica en tener un reactor en el corazón y una armadura que hace de todo. Esto obviamente, le rompió las bolas de entrada.
Un tipo que no tiene nada de humano, que tiene un montón de guita y que con eso desarrolla el armamento más sofisticado. Y sí, así cualquiera es un capo.
Nosotros los Bajoflorecinos no nos bancamos mucho a los superhéroes del norte, porque todos hacen pata ancha porque tienen algún poder que supera al común de los hombres.
Por eso en el Bajo, sólo nos atrae un poco Batman. Porque no tiene nada especial más allá de un traje incómodo, algún aparatito para escalar alturas, y un automóvil como para asombrar a las minas.
Además el tipo se pelea a puño limpio con cualquiera, y a veces cobra, pero se la banca y se le planta al más pintado.
Como si esto fuera poco vive en ciudad gótica, que tiene una mezcla de bohemia y marginalidad que indefectiblemente la hace mucho más cercana a nuestro Bajo Flores.
No voy a caer en el triste lugar de las comparaciones. Sólo voy a decir que en mi infancia las vacaciones de invierno eran para permanecer en el barrio. Jugar a la pelota todo el día, respondiendo a los clásicos desafíos de otras barras del Bajo Flores, juntarse en la esquina o como mucho reunirse en una casa.
Para los niños o jóvenes de hoy, permanecer en su barrio no tiene ningún atractivo. Las vacaciones de invierno son para hacer turismo o ir al cine, o al teatro, o a las diferentes muestras o paseos creados sólo para esta fecha.
Por lo tanto un Bajoflorecino, en los tiempos que corren, siendo padre de un niño o adolescente, no podrá evitar salir a disfrutar de alguna de éstas propuestas, para las cuales, definitivamente, no está preparado.
Si Uds. creen que exagero, les voy a referir dos historias que nos involucran y que sirven para ejemplificar la situación.
Un bajoflorecino en el teatro.
Hace unas temporadas atrás, durante unas vacaciones de invierno, decidimos con mi ex mujer, llevar a los chicos a ver una obra teatral. Por supuesto la elección le correspondió a ella, y dejándose llevar por las publicidades o las recomendaciones, fuimos a ver algo relacionado con Peter Pan y capitán Garfio.
Como es común en estas épocas, las entradas son carísimas y la producción, seguramente, costosa. Pero no apta para nosotros, los Bajoflorecinos, que siempre disfrutamos de la sencillez.
Sucede que, como toda producción moderna, la música, las luces, los efectos especiales, hacen que, inevitablemente, uno se sumerja en la historia como si formara parte de ella.
Fue tanto así que, durante un pasaje en el cual se producía un desembarco en una isla y los nativos de ella rodeaban a los marineros, de repente se escucharon unos tambores y unas pisadas fuerte que venían de la parte de atrás de la platea. Y, a continuación, unos gritos como de guerra.
El papelón, el ridículo, se hicieron presente en la piel de este sencillo hombre del Bajo Flores, que se levantó del asiento como catapultado, con los puños apretados y dispuesto no dejar que estos patoteros se la lleven de arriba.
Luego, como si me hubiesen arrojado un vaso de agua helada en la cara, pude ver que se trataba de un montaje, a lo cual sólo pude responder tratando de disimular mi estúpida reacción, llevando mis manos a la cintura y haciéndome el que observaba a todo este grupo de actores que nos invadieron.
Parado, injustificadamente como estaba, pude observar una filas adelante, a un cuarentón como yo, con un cinturón envuelto en la mano, y también en posición de pelea. Noté que era un tipo como yo, inexperto en estas cuestiones de los efectos, un habitante de Mataderos, seguramente, ya que llevaba un colgante con el escudo de Chicago. Me sentí un poco menos sólo entonces.
Un bajoflorecino frente a los superhéroes del cine.
Hace un año, aproximadamente , un coterráneo, no tuvo mejor idea que ceder a la insistencia de su adolescente hijo, y acompañarlo a ver una película de Iron Man (creo que la 2).
Para total decepción de este bajoflorecino, parece ser que esta obra maestra del cine, había tenido una primera parte, que obviamente el no había visto. Su hijo sí, `porque, según le refirió, hay una página en internet que te permite ver la película que quieras, sin pagar nada, e incluso a veces antes que en el cine. Una locura.
Aún sin haber visto la primera parte entendió que , este superhéroe, toda la información que consigue es através de una tecnología inexplicable para un bajoflorecino, y que su gran poder radica en tener un reactor en el corazón y una armadura que hace de todo. Esto obviamente, le rompió las bolas de entrada.
Un tipo que no tiene nada de humano, que tiene un montón de guita y que con eso desarrolla el armamento más sofisticado. Y sí, así cualquiera es un capo.
Nosotros los Bajoflorecinos no nos bancamos mucho a los superhéroes del norte, porque todos hacen pata ancha porque tienen algún poder que supera al común de los hombres.
Por eso en el Bajo, sólo nos atrae un poco Batman. Porque no tiene nada especial más allá de un traje incómodo, algún aparatito para escalar alturas, y un automóvil como para asombrar a las minas.
Además el tipo se pelea a puño limpio con cualquiera, y a veces cobra, pero se la banca y se le planta al más pintado.
Como si esto fuera poco vive en ciudad gótica, que tiene una mezcla de bohemia y marginalidad que indefectiblemente la hace mucho más cercana a nuestro Bajo Flores.
miércoles, 18 de julio de 2012
LAS PERSECUCIONES EN EL BAJO FLORES
(el pensamiento de un negro amigo mío)
Después de superar los cincuenta, y con el recuerdo fresco de lo vivido, puedo asegurarles a Uds. que, si hay un barrio en Buenos Aires dónde, a lo largo de su historia, se realizaron las mayores persecuciones sociales, ese barrio es sin duda el Bajo Flores.
Históricamente el Bajo Flores (antiguamente se lo llamaba los bañados de Flores) fue un barrio humilde y marginal. Lo de humilde es muy fácil de explicar. A comienzos del siglo XX el valor inmobiliario de los bañados de Flores, zona que se inundaba fácilmente, era nulo. Esto dio lugar a que los inmigrantes más humildes ocuparan esas tierras, las cuales compraban luego, con el fruto de su trabajo, a precios incomparablemente bajos, en relación con otros sectores de la ciudad. Lo de marginal es sólo consecuencia de lo anterior.
Al ser un barrio humilde, nunca fue una prioridad para los gobernantes en lo que se refiere a a obras o inversiones. Recuerdo que el asfalto llegó en el año 1973, con el gobierno de Cámpora, cuando era uno de los pocos lugares de la ciudad que carecían de él.
Y así como las tolderías de nuestros nativos, en el siglo XIX , marginados, perseguidos y despreciados por la política conservadora argentina, servía de refugio a los gauchos (ladrones y mal entretenidos) buscados por la ley. Así, tampoco el Bajo Flores pudo escapar a su destino y conservó la impronta de la marginalidad, sólo como consecuencia de la desaprensión oficial frente a las necesidades de su gente.
Ya sea por la prejuiciosa sospecha de las actividades de sus ocupantes, italianos, españoles, paraguayos, armenios , criollos u otros, que los habitaron en un principio. Ya sea por considerarlo un bastión subversivo durante la dictadura. Ya sea por el inclaudicable derecho a la propiedad que se supone violado por un grupo de bolivianos o peruanos, vendedores de droga. Ya sea por esta o cualquier otra excusa, los habitantes del Bajo Flores siempre han estado oficialmente imputados y socialmente condenados.
Pero como marca la teoría de la evolución, las especies van generando sus propias defensas como un mecanismo de supervivencia. Es así que los Bajoflorecinos hemos alcanzado una notable habilidad para esquivar esta estereotipada persecución y continuamos defendiendo nuestro lugar y nuestra gente, y aún hoy conservamos esa impronta de marginalidad que, como castigo por nuestra pobreza, se nos impuso hace más de un siglo y a la cual no queremos renunciar. No porque nos consideremos delincuentes, sino porque sí nos consideramos fuera de la ley, por lo menos de esta ley, que no iguala y discrimina.
(el pensamiento de un negro amigo mío)
Después de superar los cincuenta, y con el recuerdo fresco de lo vivido, puedo asegurarles a Uds. que, si hay un barrio en Buenos Aires dónde, a lo largo de su historia, se realizaron las mayores persecuciones sociales, ese barrio es sin duda el Bajo Flores.
Históricamente el Bajo Flores (antiguamente se lo llamaba los bañados de Flores) fue un barrio humilde y marginal. Lo de humilde es muy fácil de explicar. A comienzos del siglo XX el valor inmobiliario de los bañados de Flores, zona que se inundaba fácilmente, era nulo. Esto dio lugar a que los inmigrantes más humildes ocuparan esas tierras, las cuales compraban luego, con el fruto de su trabajo, a precios incomparablemente bajos, en relación con otros sectores de la ciudad. Lo de marginal es sólo consecuencia de lo anterior.
Al ser un barrio humilde, nunca fue una prioridad para los gobernantes en lo que se refiere a a obras o inversiones. Recuerdo que el asfalto llegó en el año 1973, con el gobierno de Cámpora, cuando era uno de los pocos lugares de la ciudad que carecían de él.
Y así como las tolderías de nuestros nativos, en el siglo XIX , marginados, perseguidos y despreciados por la política conservadora argentina, servía de refugio a los gauchos (ladrones y mal entretenidos) buscados por la ley. Así, tampoco el Bajo Flores pudo escapar a su destino y conservó la impronta de la marginalidad, sólo como consecuencia de la desaprensión oficial frente a las necesidades de su gente.
Ya sea por la prejuiciosa sospecha de las actividades de sus ocupantes, italianos, españoles, paraguayos, armenios , criollos u otros, que los habitaron en un principio. Ya sea por considerarlo un bastión subversivo durante la dictadura. Ya sea por el inclaudicable derecho a la propiedad que se supone violado por un grupo de bolivianos o peruanos, vendedores de droga. Ya sea por esta o cualquier otra excusa, los habitantes del Bajo Flores siempre han estado oficialmente imputados y socialmente condenados.
Pero como marca la teoría de la evolución, las especies van generando sus propias defensas como un mecanismo de supervivencia. Es así que los Bajoflorecinos hemos alcanzado una notable habilidad para esquivar esta estereotipada persecución y continuamos defendiendo nuestro lugar y nuestra gente, y aún hoy conservamos esa impronta de marginalidad que, como castigo por nuestra pobreza, se nos impuso hace más de un siglo y a la cual no queremos renunciar. No porque nos consideremos delincuentes, sino porque sí nos consideramos fuera de la ley, por lo menos de esta ley, que no iguala y discrimina.
martes, 10 de julio de 2012
CUMPLEAÑOS DE UN BAJOFLORECINO
Hace unos años, antes de las redes sociales, los divorcios y showmatch, los cumpleaños, en el Bajo Flores al menos, se festejaban en la casa del homenajeado. Podía consistir en un asado, u otro menú a base de pizzas, empanadas, sanguches, acompañados con vino, cerveza, y gaseosa.
Generalmente la reunión era entre algunos matrimonios con su correspondiente descendencia. Todavía, entonces, acompañados por algunos de nuestros padres (los abuelos).
La velada transcurría entre los inexorables recuerdos de la primera juventud, generalmente los más picarescos y graciosos, y los comentarios de la hazañas de nuestros retoños, ya sea en el jardín, en la escuela, o en alguna práctica deportiva. Hasta pasada la medianoche, cuando los bostezos de todos, indicaban el cierre de al reunión.
Jamás entenderé como fue se llegó a esta situación. Pero ahí están mis amigos, organizando el cumpleaños de uno de los nuestros, o sea uno de los de antes. Claro que ahora está separado él y todos nosotros. Algunos solos, y sin ninguna intención de modificar esa situación, otros con una pareja circunstancial, otros en pareja, ya sea con mujeres más jóvenes (casi todos) o no, y algunos hasta con renovada descendencia.
Dónde festejamos?. Cómo satisfacer a todos?.
Si Ud. piensa que esto es difícil, se equivoca. Nadie lo duda, hay que hacerlo en una disco. Ud. se preguntará ¿Una disco? ¿Eso no es para adolescentes o jóvenes? ¿Qué hacen unos cuarentones o cincuentones en una disco?.
Le comento: sucede que, con el boom de internet, las redes sociales, los mails, los bonos de descuentos, facebook, showmatch, etc., el envejecimiento no está permitido, y mucho menos el envejecimiento en las costumbres.
Si Ud. tiene hijos y surge una joda con amigos, Ud. tiene que enchufarle sus hijos a algún pariente o contratar a alguien. No puede perderse una reunión como esa, ni aunque sus hijos tengan fiebre. Porque sino van a pensar que Ud. está envejeciendo. Que le dá fiaca salir con frío. Que ya no está para trasnochar.
Nadie puede faltar, sino quiere dar lugar a que se piense que el tiempo lo ha deteriorado.
Como verdaderos protagonistas de la historia contemporánea, los bajoflorecinos no pueden abstraerse de esta realidad. Claro que van a festejar, y por supuesto en uan disco. La ropa que van a usar es la misma que usan los veinteañeros.
Trartaran de estar radiantes (ellos y ellas) Saben a la perfección la bondades de cicatricure, la elastina, los antioxidantes, los electrodos, y demás elixires cybernéticos que les aseguran una juventud casi eterna, que les permite competir (al menos esa es la ilusión) con los jóvenes, aunque a la mañana siguiente, los dolores musculares, la ácidez estomacal y las crecientes marcas en el rostro, le indiquen un almanaque real, para el cual no hay otro remedio que la resignación.
Hace unos años, antes de las redes sociales, los divorcios y showmatch, los cumpleaños, en el Bajo Flores al menos, se festejaban en la casa del homenajeado. Podía consistir en un asado, u otro menú a base de pizzas, empanadas, sanguches, acompañados con vino, cerveza, y gaseosa.
Generalmente la reunión era entre algunos matrimonios con su correspondiente descendencia. Todavía, entonces, acompañados por algunos de nuestros padres (los abuelos).
La velada transcurría entre los inexorables recuerdos de la primera juventud, generalmente los más picarescos y graciosos, y los comentarios de la hazañas de nuestros retoños, ya sea en el jardín, en la escuela, o en alguna práctica deportiva. Hasta pasada la medianoche, cuando los bostezos de todos, indicaban el cierre de al reunión.
Jamás entenderé como fue se llegó a esta situación. Pero ahí están mis amigos, organizando el cumpleaños de uno de los nuestros, o sea uno de los de antes. Claro que ahora está separado él y todos nosotros. Algunos solos, y sin ninguna intención de modificar esa situación, otros con una pareja circunstancial, otros en pareja, ya sea con mujeres más jóvenes (casi todos) o no, y algunos hasta con renovada descendencia.
Dónde festejamos?. Cómo satisfacer a todos?.
Si Ud. piensa que esto es difícil, se equivoca. Nadie lo duda, hay que hacerlo en una disco. Ud. se preguntará ¿Una disco? ¿Eso no es para adolescentes o jóvenes? ¿Qué hacen unos cuarentones o cincuentones en una disco?.
Le comento: sucede que, con el boom de internet, las redes sociales, los mails, los bonos de descuentos, facebook, showmatch, etc., el envejecimiento no está permitido, y mucho menos el envejecimiento en las costumbres.
Si Ud. tiene hijos y surge una joda con amigos, Ud. tiene que enchufarle sus hijos a algún pariente o contratar a alguien. No puede perderse una reunión como esa, ni aunque sus hijos tengan fiebre. Porque sino van a pensar que Ud. está envejeciendo. Que le dá fiaca salir con frío. Que ya no está para trasnochar.
Nadie puede faltar, sino quiere dar lugar a que se piense que el tiempo lo ha deteriorado.
Como verdaderos protagonistas de la historia contemporánea, los bajoflorecinos no pueden abstraerse de esta realidad. Claro que van a festejar, y por supuesto en uan disco. La ropa que van a usar es la misma que usan los veinteañeros.
Trartaran de estar radiantes (ellos y ellas) Saben a la perfección la bondades de cicatricure, la elastina, los antioxidantes, los electrodos, y demás elixires cybernéticos que les aseguran una juventud casi eterna, que les permite competir (al menos esa es la ilusión) con los jóvenes, aunque a la mañana siguiente, los dolores musculares, la ácidez estomacal y las crecientes marcas en el rostro, le indiquen un almanaque real, para el cual no hay otro remedio que la resignación.
martes, 26 de junio de 2012
LA ACTUALIDAD DE LOS BAJOFLORECINOS
LOS TOMATES
Luego de un retiro totalmente injustificado, vuelvo a reunirme con Uds. para que puedan seguir leyendo algunas tonteras.
Quiero comentar sobre la realidad actual de los bajoflorecinos, porque si bien las historias publicadas eran relatos de antaño y parecían protagonizadas por personajes inexistentes en la actualidad, debo decir que los bajoflorecinos subsisten, aunque rodeados de un ambiente hostil que se empeña en destruirlos.
Para empezar voy a relatar un episodio vivido por un Bajoflorecino, que, aunque no sea uno de mis amigos, bien representa la actualidad de esta estirpe en extinción.
Resulta que este hombre, cincuentón ya, luego de una separación algo cruenta, comenzó una relación con una joven treintañera que derivó en una convivencia rápida y un embarazo aún más rápido.
Con lo cual, actualmente este ejemplar del Bajo Flores, convive con una mujer que apenas roza los cuarenta y un niño de cinco años.
Como se cae de maduro, en lo culinario la ahora cuarentona no toca ni de oído, con lo cual el hombre se vió obligado a hacerse cargo de esos menesteres (después de todo a los cincuenta y tantos es mejor eso que andar detrás de un hiperquinético retoño).
Asumiendo con total responsabilidad el rol Petronesco, el veterano cuando sale del trabajo, y antes de llegar a su hogar, realiza la compra de los comestibles necesarios. En eso estaba cuando, a pocas cuadras de su casa, escuchó el pregón de un morocho que aseguraba tener los mejores tomates de quinta. El discípulo de Arguiñano se acercó al puesto improvisado que había armado el morocho en una esquina y se asombró al ver unos tomates redondos del tamaño de un pomelo, brillantes y de un color rojo oscuro que invitaba a clavarle un mordisco. Se llevó dos kilos.
Cuando llegó a su casa, luego de sacarse el saco y la corbata, se dirigió a la cocina, se puso el delantal y se dedicó a pelar un par de tomates para acompañar las milanesas que ya tenía preparadas desde el fin de semana y que había guardado en el freezer.
Por supuesto que no tardó nada en probar los tomates y descubrir el sabor que verdadero, el sabor que recordaba de su niñez, ese sabor que se había perdido entre cámaras frigoríficas y maduración en cajones.
Mientras disfrutaba de su compra y se sentía orgulloso de ella, oyó el ruido de la puerta y el hiperquinético infante hizo su aparición. Luego de arrojar la mochila en algún lugar del living, apareció como una ráfaga en la cocina, y lo primero que dijo al ver esa fruta color rojo abordonado fue "Que asco que es eso". Entonces al bajoflorecino la presión se le subió a diecisisete, pero para empeorarla la criatura sentenció "Yo no voy a comer eso".
Como el cocinero escuchó la voz dulce de su mujer saludando al entrar, se calmó, y pensó: "Ahora vas a ver engendro desagradecido, cuando tu mamá se asombre de volver ver unos tomates de verdad".
Pero para completar su camino directo al ACV, el amorcito ni bien observó la ensaladera le preguntó: "de donde sacaste esos tomates?. Mirá el color que tienen ? Estás seguro que no están pasados?".
Ante semejante conspiración, porque sin duda alguna se trataba de una conspiración, urdida por esta generación del chat, del facebook y de la Wi, mi contemporáneo estalló " Pero que carajo saben ustedes de tomates, ni de frutas, ni de comida. Si están criados a snacks , hamburguesas y bastoncitos de pollo. Saben qué, dejenme a mí disfrutar de mis milanesas, porque las hice yo, de mis tomates, porque los compre y los pelé yo, y ustedes mejor se van a comer alguna porquería a esos lugares chotos que tanto les gusta".
Dicho esto, con la cara aún enrojecida por el enojo, se sentó en el living, encendió la televisión y buscó el canal Volver. Aún así pudo desde allí oir a su concubina diciéndole al chiquilín "dejálo, ya se le vá a pasar, lo que pasa que está viejo".
LOS TOMATES
Luego de un retiro totalmente injustificado, vuelvo a reunirme con Uds. para que puedan seguir leyendo algunas tonteras.
Quiero comentar sobre la realidad actual de los bajoflorecinos, porque si bien las historias publicadas eran relatos de antaño y parecían protagonizadas por personajes inexistentes en la actualidad, debo decir que los bajoflorecinos subsisten, aunque rodeados de un ambiente hostil que se empeña en destruirlos.
Para empezar voy a relatar un episodio vivido por un Bajoflorecino, que, aunque no sea uno de mis amigos, bien representa la actualidad de esta estirpe en extinción.
Resulta que este hombre, cincuentón ya, luego de una separación algo cruenta, comenzó una relación con una joven treintañera que derivó en una convivencia rápida y un embarazo aún más rápido.
Con lo cual, actualmente este ejemplar del Bajo Flores, convive con una mujer que apenas roza los cuarenta y un niño de cinco años.
Como se cae de maduro, en lo culinario la ahora cuarentona no toca ni de oído, con lo cual el hombre se vió obligado a hacerse cargo de esos menesteres (después de todo a los cincuenta y tantos es mejor eso que andar detrás de un hiperquinético retoño).
Asumiendo con total responsabilidad el rol Petronesco, el veterano cuando sale del trabajo, y antes de llegar a su hogar, realiza la compra de los comestibles necesarios. En eso estaba cuando, a pocas cuadras de su casa, escuchó el pregón de un morocho que aseguraba tener los mejores tomates de quinta. El discípulo de Arguiñano se acercó al puesto improvisado que había armado el morocho en una esquina y se asombró al ver unos tomates redondos del tamaño de un pomelo, brillantes y de un color rojo oscuro que invitaba a clavarle un mordisco. Se llevó dos kilos.
Cuando llegó a su casa, luego de sacarse el saco y la corbata, se dirigió a la cocina, se puso el delantal y se dedicó a pelar un par de tomates para acompañar las milanesas que ya tenía preparadas desde el fin de semana y que había guardado en el freezer.
Por supuesto que no tardó nada en probar los tomates y descubrir el sabor que verdadero, el sabor que recordaba de su niñez, ese sabor que se había perdido entre cámaras frigoríficas y maduración en cajones.
Mientras disfrutaba de su compra y se sentía orgulloso de ella, oyó el ruido de la puerta y el hiperquinético infante hizo su aparición. Luego de arrojar la mochila en algún lugar del living, apareció como una ráfaga en la cocina, y lo primero que dijo al ver esa fruta color rojo abordonado fue "Que asco que es eso". Entonces al bajoflorecino la presión se le subió a diecisisete, pero para empeorarla la criatura sentenció "Yo no voy a comer eso".
Como el cocinero escuchó la voz dulce de su mujer saludando al entrar, se calmó, y pensó: "Ahora vas a ver engendro desagradecido, cuando tu mamá se asombre de volver ver unos tomates de verdad".
Pero para completar su camino directo al ACV, el amorcito ni bien observó la ensaladera le preguntó: "de donde sacaste esos tomates?. Mirá el color que tienen ? Estás seguro que no están pasados?".
Ante semejante conspiración, porque sin duda alguna se trataba de una conspiración, urdida por esta generación del chat, del facebook y de la Wi, mi contemporáneo estalló " Pero que carajo saben ustedes de tomates, ni de frutas, ni de comida. Si están criados a snacks , hamburguesas y bastoncitos de pollo. Saben qué, dejenme a mí disfrutar de mis milanesas, porque las hice yo, de mis tomates, porque los compre y los pelé yo, y ustedes mejor se van a comer alguna porquería a esos lugares chotos que tanto les gusta".
Dicho esto, con la cara aún enrojecida por el enojo, se sentó en el living, encendió la televisión y buscó el canal Volver. Aún así pudo desde allí oir a su concubina diciéndole al chiquilín "dejálo, ya se le vá a pasar, lo que pasa que está viejo".
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